domingo, 31 de marzo de 2013

Cariño en primavera

Foto cortesía: Luis Rubido

CARIÑO EN PRIMAVERA

Los frios del invierno pierden fuerza;
la lluvia solo es ya curiosidad
que se vuelve tímida y dispersa
y juega con el dia a la amistad.

Llueve ligerito...
pero es agua que comunica vida.
Las manos ya se atreven con la tierra,
hundiendo entre los surcos las semillas,
que cambiarán los colores de la sierra.

Pequeño agujero...
donde entra el trigo como grano,
las coles, las patatas y el maiz;
lucharán en su nacer contra el gusano
que intentará comerse su raiz.

Hay prisa...
entre aquellos animales cuya vida,
la cuentan por dias, no por años;
solo nacen y ya están de despedida;
lo breve de su vida es un extraño.

Vida veloz...
la de aquella colorida mariposa
que busca alimentarse de la flor;
errática, brillante, presurosa;
es efímero su tiempo del amor.

Y mientras...
las manos preparan la cosecha
quitando la mala hierba con la hoz;
golpea el bajo tallo, la derecha
y sucumbe la maleza al golpe atroz.

Con arados...
los hombres abren surcos encorvados;
las mujeres les hacen compañía.
Son terrenos pequeños, limitados
que regalan al paisaje simetrías.

Sembrando vida...
también el abuelo está en su huerta
revisando los brotes de las coles;
aprovecha de cortar con mano experta,
a mi abuela, las mas hermosas flores.

De regreso...
la costumbre lo lleva a sus caminos;
el próximo destino es su mar;
la verá sin tantos remolinos
invitándolo muy pronto a navegar.


A lo lejos...
ya están chillando las gaviotas
y las olas rompiendo suavemente,
la mar está sintiendo la derrota
de un invierno que muere lentamente.

Inundación de amor...
que invade los espacios de mi pueblo.
El agua de su fuente aun sigue fria
esperando la caricia de un sol nuevo
que convierta su frio en alegria.

Mientras aun...
los árboles desperezan su amargura
pariendo nuevas hojas verde claro;
convertirán el desierto en espesura
y las aves perderán su desamparo.

En el campo...
comienzan a llegar las golondrinas.
Ya exhibe el blanquinegro las urracas
y los trinos de los mirlos con voz fina
se unen al tordo en su alharaca.

Las aves frias...
inician su retorno al septentrión.
Regresan los jilgueros a sus prados
uniendose en el coro al gorrión
que enamora a su amada emocionado.

Los hombres...
apuran la siembra de sus campos
y mi abuelo se une a esa alegría;
las mujeres se sacuden ya sus mantos
y el color de su ropa es poesia.

Ahora camina...
rapidito el sendero de la rada
buscando la gamela en lejanía.
Perdió el frio su espalda encorvada
y es su sombra, una mancha en rebeldía.

A lo lejos...
ve las olas que envejecen su furor
llegando cansadas a la orilla;
ya no grita el viento su dolor;
su rugir, se vuelve voz sencilla.

Sobre él...
su eterna boína ennegrecida
acompaña a su chaqueta en su color
y ambas se ven agradecidas
del brillo devuelto por su sol.

En su rostro...
se distienden las arrugas de su cara
y regala a sus amigos su alegría;
en su boca una sonrisa nos declara
que en su mundo todo está en armonia.

La luz ahora...
borra grises y dibuja arcoiris.

Llega finalmente...
La primavera de los pájaros cantores,
la del tiempo del amaine de la mar,
de esa tierra saturandose de flores
bajo un cielo que desata sus pasiones
abrazando a mi pueblo en un besar.
Es Cariño, el de las gentes nobles
con su nombre convertido en un cantar,
de mujeres que aman pescadores,
y de hombres que serán los labradores
que abren surcos y ararán mi mar.






martes, 19 de marzo de 2013

El guardián del Haitón del Guarataro








Desde lo alto de un singular yagrumo y justo a la entrada del camino que conduce al Haitón del Guarataro, se encuentra tal cual vigía, el hermoso pájaro Campanero Herrero.
Desde su atalaya emite su increíble y poderoso canto que semeja el golpeteo de un martillo sobre un yunque . Los recuerdos ancestrales se juntan en su garganta para emitir ese singular sonido que recuerda la época en la que el hierro se forjaba a golpes y fuego; a piedra de carbón y hematites o a la hermosa pirita, el oro de los tontos, fundida a leña de derrotados árboles centenarios.

El Haitón es una sima situada a pocos kilómetros de la salida del pueblo de Curimagua con rumbo a su vecino pueblo de La Chapa en la Sierra de San Luis del Estado Falcón.
Un camino que comienza al borde de esa carretera, te lleva hasta su borde, descendiendo poco mas de unos doscientos metros de selva tupida y en ese momento silenciosa.
De vez en cuando te llama la atención  sobre el negruzco piso de tierra, el brillo fugaz de las ocasionales y pequeñas piedras de cuarzo que buscan un sol que nunca llega.
Un cerco de madera impide llegar hasta su borde. Un agujero de unos doce metros de ancho y al frente, un perfil de acantilado recto hacia abajo desnudo de vegetación.

Su profundidad según los expertos es de trescientos cinco metros y en su fondo se inicia un rio subterráneo que alimenta el lago bajo tierra mas grande del País.
Una piedra lanzada desde su borde tarda unos 7 segundos en escuchar su primer impacto contra otra piedra y un tanto después puedes escuchar un segundo impacto mas tenue al rebotar contra otra roca y si aguzas el oído, podrás escuchar el muy leve sonido de un tercer impacto. Algo absolutamente impresionante.
Eso fue el segundo momento cumbre de mi expedición Campanero.
Era el tercer día de intentar hacer fotografía en la Sierra de San Luis y el clima desde que llegué fue de lluvia permanente, lo que ocasionaba que prácticamente no pudiese aventurarme por esos frondosos caminos de selva nublada.
Aun así, no perdí oportunidad de establecer mi observatorio en  un baño viejo y en desuso que queda cerca de la posada  Hacienda el Monte de Dominique y Virginia; unos franceses extraordinarios y que te ofrecen una estadía de lujo en esa selva de lujuria.
Desde mi improvisado observatorio y rodeado de árboles de guayaba, guanabana, guamo, naranja, acacia, cafetos y otros mas, tuve acceso a visitantes extraordinarios y que jamás había visto en vivo.
De los primeros en fotografiar fue la hermosa Urraca Cosquiol  (Cyanocorax affinis)
 
 
 

Difícil y arisca, tienen el sistema de mantenerse siempre una de ellas de vigía mientras las demás comían.
Salieron en estampida en cuanto llegó una pequeña bandada de Conotos Negros (Psarocolius decumanus).
Un ave de gran porte que suele sobrepasar los cuarenta centímetros de largo. A lo lejos se divisaban su enormes y tejidos nidos colgantes.
Poco tiempo después llamó mi atención un pequeño movimiento en una mata de naranjo y mi sorpresa fue mayúscula al divisar al difícil Telegrafista Escamado (Picumnus squamulatus).


 

 


Uno de los carpinteros mas pequeños del mundo.
No cabía de felicidad ante la presencia de este personaje.
Una lluvia algo mas fuerte me hizo correr a refugiarme en la posada  y desde allí el espectáculo continuaba hacia la cima de la montaña.
Una bandada de Gavilanes Tijereta (Elanoides forficatus) se enfrascaban en una danza poco usual. Desconozco lo que hacían pero asumo que era una demostración de cortejo entre ellos. Una pareja de Pitirríes obviamente  molestos por su presencia, no perdían la oportunidad  de lanzarse contra ellos seguramente para alejarlos de su eventual nido.

 
 


Volví a mi observatorio no bien había cesado la lluvia  y ya con muy poca luz porque se acercaba rápidamente  la noche y la niebla y tuve la enorme fortuna de fotografiar fugazmente a la hembra del Telegrafista Escamado, reconocida por la ausencia de la corona roja del macho.
Asimismo alcancé a fotografiar al hermoso Perico  Pico Rojo (Pionus sordidus) plácidamente disfrutando de las semillas de lo que creo que era una especie de acacia.
 
Finalmente y para terminar ese día y a punto de guardar la cámara, un Ermitaño Pecho Canela ( Glaucis hirsuta) se acercó a una  heliconia   de la posada  a riesgo de los gatos de la misma que afortunadamente solo lo siguieron con la vista.
La mañana siguiente se presentó igual de nublada y lluviosa. Poco podía uno alejarse de la posada  y podía apreciar con los binoculares las variedades de aves apresurándose a comer en las pocas pausas que la lluvia dejaba.
Desde la posada podía ver y ocasionalmente fotografiar, variedades de reinita, chocolateros, semilleros, azulejos, el hermosísimo  Curruñatá Corona Azul (Euphonia cyanocephala) y otros que pasaban a engrosar la lista de avistamiento.
 
Cerca del mediodía , el cielo pareció dar un respiro y comenzó el viaje para recorrer el llamado Camino de los Españoles.
Es un sendero que originalmente iba desde Coro hasta Cabure y que actualmente  solo va desde las cercanías de Curimagua hasta Cabure . Entre cinco y siete horas de caminata  en una ruta salpicada de historias.
Pensaba conocer  tres de las grandes cuevas que existen en la ruta como son la de Acarite, la de Zárraga y la del Cuarzo.
Solo pude conocer las dos primeras pues desde el inicio de la caminata, la lluvia no contribuía para nada ni para el pajareo y mucho menos para la fotografía.
 
La cueva de Acarite es pequeña en su entrada. Supe después que uno tiene que entrar al agua y adentrarse en ella con el agua a la cintura y buenas  linternas para conocer sus interioridades.
Sobre la entrada de su bóveda una pareja de colibríes parecían enfrascados en disputarse las grandes telarañas que la adornan. No me fue posible fotografiar sus andanzas.
 
A la cueva de Zárraga que viene inmediatamente, solo alcancé a llegar a su entrada y sin foto por la copiosa lluvia que caía. El regreso fue inminente y rápido.
Ya de regreso a la posada y sin mucho por hacer hasta la mañana siguiente en que partiría del sitio, no podía dejar de pensar en mi Campanero.
Me dormí soñando  con el arrastrar de las cadenas de los esclavos por ese camino de recuas. Sobre sus lomos, los sacos de café verde y frutas; de granos y hortalizas. Antes que ellos, los que desmalezaban la ruta y pavimentaban el camino con piedras  traídas a veces de lejanías.
El pichón de campanero en su nido, fijaba en su mente el golpeteo de las herraduras de las mulas sobre las piedras en su lento y cansino caminar;  y justo antes del grito de la muerte del esclavo condenado  a ser arrojado en el Haitón, el repicar del martillo sobre el yunque para liberarlo de sus cadenas….cadenas que seguirían sirviendo para otros esclavos.
El Campanero Herrero repite desde entonces, un  grito de angustia… en campanas de libertad.
 
 



 


 

 
 





 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

miércoles, 30 de enero de 2013

Cariño en invierno










(Dedicado a los inviernos de mi pueblo a mediados de los sesenta)

La leña del fogón apilada en un costado
bajando lentamente su montón,
convertido en humo de trazos azulados
y en piezas negruzcas y brillantes de carbón.

Cae la noche...
lo hace suavemente como evitando herirse.
Se prenden las velas escondidas de la brisa;
el abuelo se encamina para ir a dormirse,
el peso de los años le impide irse de prisa.

Sobra tiempo...
para aquel gorrión bajo las tejas protegido
del frio que lo vuelve lento y emplumado;
soñará no ser él, esa noche el elegido
de la helada traicionera que lo deje congelado.

Noche oscura...
lloran golpes de gris monotonía;
la calle se convierte en un espejo
líquido de luz que espera el dia
de aquel farol deformado en su reflejo.

Noche profunda...
de sueños perdidos en el tiempo
de gente que aun dormida está expectante
e inconsciente coreando en su lamento
para que esa noche sea agonizante.

Y amanece...
besando el monte la luz va de primero,
pintando de color la tierra fría;
ya tañe su campana el campanero
anunciando que ha despertado el dia.

Se abren los ojos...
por supuesto, hace rato ya el abuelo,
hierve el agua de un café de fantasía;
achicoria filtrada tras un velo
y un beso a mi abuela de buen dia.

Camina hacia su mar...
buscando recorrer los mismos pasos
de siempre, de ayer y de anteayer;
un viejo con ausencias de fracasos
cuya mar son las fibras de su ser.

Anduriña...
vieja barca meciendo sus maderas
sobre olas de crestas blanquecinas;
es su novia moviendo sus caderas
al son de la mareas matutinas.

Pisa la arena...
la playa, desierta muda y plateada
lo invita a olvidar sus pesadillas;
sus ojos la ven de enamorada
y camina en la paz por sus orillas.

Mira al cielo...
que inclemente continua con sus grises;
sabe que pronto llegará aquel mestizo
de una lluvia que deja cicatrices
de gotas convertidas en granizo.

Camina de prisa...
de vuelta al hogar mira el terruño;
el monte convertido aun en neblina;
el frio escurrido entre sus puños
y un sol que esconde sus espinas.

Será un dia...
común de un pueblo sin quehaceres;
de un clima que impide el movimiento.
Dedicarán su tiempo a sus quereres

esperando la luz del buen momento.



 

domingo, 13 de enero de 2013

Vas caminando viajero

 
Como al subir un camino
de tierra deforme y rancia,
con piedras alebestradas,
labradas con amarillos
de surcos que deja el agua.
 
Vas caminando viajero
tus caminos de nostalgia.
 
Caminas bajo tus nubes
apartando verdes ramas
de tus cabellos de plata
que son arrugas del tiempo
con cicatrices del alma.
 
Vas caminando viajero
tus caminos de nostalgia.
 
Atraviesas riachuelos
y escuchas en la distancia
por sobre el canto del agua,
el cantar sereno y triste
de la hermosa paraulata.
 
Vas caminando viajero
tus caminos de nostalgia.
 
Y en lo que llegas al cénit,
la cumbre de la montaña,
solo te quedan dos pasos.
Con uno regresas manso,
con el otro te distancias.
 
Vas caminando viajero...
 
 

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Mis gracias para cada amanecer


Se desliza la cortina de la noche
y la pintura de un nuevo amanecer,
muestra al dia acabando de nacer
explotando sus colores con derroche.

Nace el día con sus colores de embrujo
cambiando sus oscuros por pastel;
sus azules por amarillo flor de miel
y sospecho el Autor de este dibujo.

¿Quién puede pintar un renacer
distinto para cada nuevo día,
regalándonos con luz su poesía?
¡Eso! ¡Solo Dios lo puede hacer!

 

domingo, 25 de noviembre de 2012

A mi Mar en Mangle Lloroso

Hay un lugar de la costa venezolana de díficil ubicación y mal acceso, muy cercano del Cabo San Roman conocido con el nombre de Mangle Lloroso.
En ese desierto que besa la orilla marinera, se encuentra un centenario árbol de mangle que destaca por su soledad.
Su apodo de Lloroso se debe a que en sus noches, el mangle se deshace  de la sal que absorbe durante el dia a través de sus hojas y en las mañanas, al aumentar la temperatura y convertir la humedad en rocio, el mangle llora lágrimas de sal.


En cierto lugar de mi Mangle Lloroso,
mi escondite, mi refugio de arenas blanquecinas,
de troncos, hierba seca y piedras coralinas,
me encuentro con mi amada, la mar y estoy celoso
del viento que eterno y rasante lo acompaña;
en la noche cuando arrulla con su canto delicioso
al mangle solitario que la mira en la mañana
con un suave ronroneo, con susurros misteriosos
como hablan los amantes con su cara muy cercana.
....
Camino a tu encuentro.
A sentarme en el borde inmenso de tu falda
y ya no estoy solo.
....
La luna en cuarto creciente,
partida por la mitad,
me da luminosidad
para verte sonriente,
y cercano de tu orilla
con el frio entre los dedos
tu resuelves mis enredos
sembrando en mí tu semilla
de amor entre los luceros.
Me haces sentir humano,
me recuerdas mis historias
revolviendo mis memorias
de niño, adulto y anciano;
sintiéndome tan cercano
hacia tí, mi Madre Mar
¿Como te puedo olvidar?
si junto al cielo, tu hermano,
tu me vuelves ciudadano
de un mundo de libertad.

 

jueves, 15 de noviembre de 2012

Como besa un alma


¿Como besa un alma?, preguntaba
y casi de inmediato respondía,
una voz temblorosa susurraba,
era una luz, un torrente el alma mía.
 
Cada vez que ves a un niño a pleno día,
somnoliento, con harapos, limosnando,
y sientas esa furia contenida
sabrás que soy yo que estoy besando.
 
Cuando veas a tu amigo entristecido,
con el peso de sus penas soportando,
te acerques a abrazarlo, enmudecido,
sabrás que soy yo que estoy besando.
 
Mirando los pichones en su nido
del hambre, a su madre suplicando,
te vuelves un poco enternecido,
sabrás que soy yo que estoy besando.
 
Sintiendo la mirada apasionada
de ese ser que en tí está pensando,
¡Calla!, ¡por favor no digas nada!,
seré yo que por ti estará besando.
 
Y si un dia te sientes deprimido
al no ver quien pueda estarte amando,
grita al mundo que tienes un vacío
y sabrás que soy yo que estoy llorando.


 

lunes, 12 de noviembre de 2012

Breve historia de un pichón de alcatraz



Había nacido como todos los alcatraces de su especie. De color azul oscuro,  desplumado, con los ojos cerrados y con su hermano a su lado, todavía dentro del huevo aun por los próximos dos dias.
El calor delicioso del día, poco a poco hacía enderezar su cuello. Serían los primeros músculos en fortalecerse desde que su corazón y sus genes determinaron hacerla el ave que domina los vientos.
A la mañana siguiente de su nacimiento, ya sus párpados habían concedido la entrada a la luz del amanecer y su padre, a su lado, esperaba las señas del pichón traducidas en un débil piar reclamando su primera comida.  Su padre metió en su pequeña garganta su primer alimento de pequeños peces medio digeridos.  Aun el pichón no conocía a su madre porque ésta se encontraba pescando cumpliendo su turno alternativo con su padre para alimentarlo.  Ésta llegó con las luces del mediodía y después de entrechocar su pico con su pareja, se dedicó a darle de comer mientras el gran macho partía a cumplir su turno vespertino de pesquería.  Volvería al nido con los ultimos momentos de luz.
Al dia siguiente observaría como nacía su hermano y al momento de la comida, su instinto de supervivencia, hizo arrojar a empujones a su hermano fuera del nido, tan solo a unos pocos centímetros de distancia. Poco después, su hermano moría en un ataque combinado de una pareja de gaviotas cabecinegras que trabajaron en conjunto para distraer a su padre y lograr arrebatarle al recién nacido.
Pasarían cuarenta y cinco dias de monotonía y crecimiento.  Sus padres turnandose para alimentarlo y protegerlo del ataque contínuo de las gaviotas que disminuían con el aumento del tamaño del pichón y un crecimiento que incluía el cambio de su primer plumón de un castaño oscuro hacia un blanco lunar definitivo.  La madre naturaleza había dotado al pichón desde tiempos ancestrales de un cuerpo digno de un peregrino eterno del aire. Su fisonomía estaba diseñada para permanecer eternamente en vuelo y a cambio, le había restado habilidades para desenvolverse en tierra.  Sus enormes alas eran un obstáculo para tomar vuelo.  Tenía siempre que ponerse frente al viento esperando que éste, tuviese la fuerza suficiente para levantarlo al menos el medio metro que ya tenía su ala de largo para poder comenzar a aletear y pensar en alzar el vuelo definitivo.  Mientras tanto y como pichón, todavía sus alas solo golpeaban inutilmente los guijarros de su  playa de nacimiento, practicando una y otra vez el arte que un dia lo volverá el señor del aire.
Cierto día de un verano austral y como si se hubiesen puesto de acuerdo, todas las parejas de alcatraces de la colonia al unísono, abandonaron la isla con rumbo a los cielos dejando atrás a su progenie.  El primer dia junto a su noche, la pasaron los jóvenes alcatraces en silencio y contemplándose unos a otros.  Al dia siguiente y pasadas las primeras horas , los jóvenes alcatraces comprendieron que sus padres no volverían para darles de comer y apremiados por el hambre, debían tomar la decisión de emprender el vuelo y buscar su alimento por si mismos.  Algo que sus padres no les habían enseñado y deberían recurrir a sus instintos y a la imitación de los adultos mientras se alimentaban lejos de la costa y para ello debían alzar tan solo el vuelo.
El grupo entero pudo apreciar como el primer alcatraz que intentó alzar el vuelo, terminó aterrizando en las mansas olas de la orilla y desapareciendo pocos segundos despues en las fauces de un tiburón punta blanca de arrecife, que como parte de un cardumen, se encontraban justamente esperando ese primer vuelo de los alcatraces.  La sincronía del universo había reunido a ambas especies en ese preciso momento.
Nuestro alcatraz, vió el éxito y el fracaso de sus compañeros circunstanciales de crianza y no le quedaba otra que esperar su turno atendiendo a su instinto.  Puso su cara al ligero viento como esperando una ráfaga algo mas fuerte para poder elevarse sin mucho esfuerzo; hinchó sus pulmones y abrió sus alas para sentir la fuerza que lo sostendría el resto de sus dias.
Alzó su vuelo en principio rasante sobre el mar y pudo contemplar los oscuros lomos de los oportunistas tiburones en la ribera de la isla.  Había nacido fuerte y muy pronto se encontró viendo la isla que lo vió nacer como un pequeño puntito en la distancia.  Su primer instinto se había convertido en su primer aprendizaje. Ahora debería seguir a los adultos y aprender a zambullirse a velocidades inconcebibles y desde alturas increibles para dominar el arte de la pesca y la búsqueda de los peces que serán su alimento.
De ahí en adelante, nuestro alcatraz se convertirá en el eterno rompedor del horizonte de los marinos y dibujará su blanca silueta contra un cielo que lo acunará de por vida.
 No volverá a pisar tierra hasta que su dormido instinto le recuerde el calor de las piedras que otrora lo anidaron.
 
 
 
 
 

miércoles, 7 de noviembre de 2012

La casa de Teodoro Fanego. (Una historia contada por mi madre)


En la salida del pueblito de Cariño, y entre éste y la Solana, existía a mano derecha, una casita solitaria que era la herrería del pueblo. Poco tiempo después, Don Teodoro Fanego construiría al frente, un conjunto de casas para alquilar.
Mi madre, a pesar de tener su casa propia, vivía con sus padres pues en la propia, vivían los padres y un hermano de mi papá; así que para no hacer estorbo, prefería quedarse con su madre, mi abuela.
Algún día de ese año de 1956, mi mamá le propuso a su hermano Arturo, el alquilar una de las casas de Don Teodoro y repartirse sus espacios. Así lo hicieron y en una parte de ella, Erundina, que así se llama la esposa de mi tio Arturo, montó su negocio de costureras. Vivía tranquila allá mi mamá ya para entonces embarazada de mi, mientras mi padre, andaba surcando las aguas caribeñas teniendo como puerto a la Guaira en Venezuela.
La tarde del 16 de Diciembre, mi madre se aprestaba a ir a la última función del cine de Don Cesáreo junto a su hermano y su esposa y se disponían a esperar tal momento en la casa de sus padres que quedaba a unos pocos pasos del cine en cuestión.
Justo en las cercanías de las 8 de la noche, alguna pataleta mia determinó el hacer sentir la humedad de la fuente rota.
Con la paciencia que la caracteriza y pese a que cualquiera saldría en carrera, determinó parir en la que consideraba su casa y hasta allá se fue caminando como sabiendo que la premura no tenía importancia.
Al llegar, se puso a planchar para tener ropa disponible y siendo ya las diez de la noche comenzaron en serio los dolores de parto.
Cuenta ella que su cara se movía entre el fruncimiento del dolor y la risa que le provocaba la cara de bobo (Textual)  que tenía su hermano viendo la escena de dolor.
Rompió el hechizo de Arturo gritandole que fuera a avisar a Don Cesar, el médico del pueblo.
Arturo reaccionó de inmediato y prendiendo su moto se dirigió a la casa del médico para encontrarse con la noticia de que éste estaba en el cine que quedaba a unas casas apenas. Entró al cine, lo localizó  en el maremagnum de siluetas apenas alumbradas por la luz de la película y llegando hasta él, le contó que se diera prisa porque su hermana estaba pariendo. Don César con toda su calma le preguntó la hora a la que habían comenzado los dolores y despues de tener como respuesta de que hacían apenas unos minutos, le contestó que se fuera y lo dejara ver la película y que cuando ésta terminara, iría para allá.
Justo cerca de la medianoche ciertamente se apareció el médico y tras un rápido examen de mi madre, se dispuso a esperar.
Comenzaba mientras tanto, una de las típicas tormentas del invierno cariñés; con viento en aumento, truenos, relámpagos, rayos y lluvia intensa.
A la una de la madrugada del dia siguiente, comenzó el trabajo de parto y empezaba Don César  a divisar mi cabecita y aprestándose a sacarme cuando, justo en ese momento, se fue la luz.
Mi tio Arturo, que ya había dejado de lado su "tontera", corrió a prender su moto para alumbrar el parto...
Así nací!....A la luz de una moto prendida bajo un cielo que desplegaba todo su mal humor.
Nadie sabe cuanto pesé en realidad porque en esa época los cálculos se hacían a pulso de comprador de pulpos y según eso, andaba por los casi cuatro kilos lo que hizo exclamar a Don César: "¡Ahhh!...¡muchacho grandote!".
Así me lo contó mi madre...y justo después yo le decía: "Con razón siempre fuí un iluminado!"...Con lo que terminamos riendonos a carcajadas y dandonos un gran abrazo.


 

lunes, 5 de noviembre de 2012

El aire de Cariño



Nací en un pueblito que nunca entendió de rencores.
Para cuando lo hice, habían pasado veinte años de guerra fratricida y nunca pude lograr una historia verdadera contada por sus gentes, que no estuviese colindando con la fantasía...y es que la memoria de sus habitantes de entonces, se negó a grabarla en piedra como lo harían los pueblos que guardan sus rencores en estatuas, sus triunfos en monumentos y sus héroes, en bustos de esos que pierden su identidad con los años y terminan por ser demolidos después de infinidad de cagadas de palomas y de registros amarillos en papel que a nadie interesan.
A cambio, encontraron la paz en un pueblo desnudo de simbolismos. Sus héroes eran otros y a  ellos, no necesitaban mostrarlos porque vivían con ellos.
Mi pueblo de esa época tenía una placita con una fuente de agua corriente permanente, a la cual acudiamos a buscar el preciado liquido en baldes de madera, mucho antes de que las tuberías de plomo empezaran a brindar la comodidad. Tenía un lavadero colectivo a orillas del pequeño rio en donde se sacudían a palos las sábanas de los cansados durmientes. Solo las historias tras ellas se murmuraban entre sus paleadoras.
Tras de sí, el pueblo se cobijaba entre un colchón de mar y una sábana de tierra. Sus casas se construian con la mirada hacia la mar pero con una ventana que permitía ver las huellas marrones y verdes de sus campos. Extraña combinación  de agricultores y pescadores.

La mar era uno de sus héroes...
Con sus tiempos y sus lugares y con sus buenos y malos humores. De su seno extraían la azulplateada sardina, los estirados corzitos, la verdosa caballa y el siempre feo chicharro; el elongado y delicioso congrio o los ocasionales sargos, tanas, fanecas, rapes, lenguados y rodaballos...En su momento y en menor cuantía, los malhumorados pulpos, los siempre enojados calamares y aquellos de rostro inexpresivo como las nécoras y las centollas y los menos expresivos aun berberechos....Y es que Cariño daba de comer a una alta proporción de hambrientos españoles.

Su otro héroe era su tierra...
Una tierra de moras silvestres y pinos salvajes. De rocas destinadas a espigón y moradas de percebes. Recuerdo haberla fertilizado con "patelos" triturados y algas marinas, solo para convertirla en una tierra en negritud de campos de patatas y de berzas que se convertían a su vez, junto a aquellos cerdos criados en familia, en el sostén de todo el mundo a punta de caldos, tortillas, chorizos, morcillas y jamones.
¿Que decir de la gente de Cariño que es mi gente y que teniamos esos dos nortes?
¡Mi pueblo no necesitaba héroes!...¡Ellos ya lo eran!...
La vida era entonces un eterno capear de tormentas. ¡El aire de Cariño no es un aire!...Es una forma de vivir con la adversidad...y cuando así se vive...se sonrie cuando el sol se muestra tibio, la mar habla con suavidades y el aire nos regala sus aromas de tojos en flor.