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martes, 19 de marzo de 2013

El guardián del Haitón del Guarataro








Desde lo alto de un singular yagrumo y justo a la entrada del camino que conduce al Haitón del Guarataro, se encuentra tal cual vigía, el hermoso pájaro Campanero Herrero.
Desde su atalaya emite su increíble y poderoso canto que semeja el golpeteo de un martillo sobre un yunque . Los recuerdos ancestrales se juntan en su garganta para emitir ese singular sonido que recuerda la época en la que el hierro se forjaba a golpes y fuego; a piedra de carbón y hematites o a la hermosa pirita, el oro de los tontos, fundida a leña de derrotados árboles centenarios.

El Haitón es una sima situada a pocos kilómetros de la salida del pueblo de Curimagua con rumbo a su vecino pueblo de La Chapa en la Sierra de San Luis del Estado Falcón.
Un camino que comienza al borde de esa carretera, te lleva hasta su borde, descendiendo poco mas de unos doscientos metros de selva tupida y en ese momento silenciosa.
De vez en cuando te llama la atención  sobre el negruzco piso de tierra, el brillo fugaz de las ocasionales y pequeñas piedras de cuarzo que buscan un sol que nunca llega.
Un cerco de madera impide llegar hasta su borde. Un agujero de unos doce metros de ancho y al frente, un perfil de acantilado recto hacia abajo desnudo de vegetación.

Su profundidad según los expertos es de trescientos cinco metros y en su fondo se inicia un rio subterráneo que alimenta el lago bajo tierra mas grande del País.
Una piedra lanzada desde su borde tarda unos 7 segundos en escuchar su primer impacto contra otra piedra y un tanto después puedes escuchar un segundo impacto mas tenue al rebotar contra otra roca y si aguzas el oído, podrás escuchar el muy leve sonido de un tercer impacto. Algo absolutamente impresionante.
Eso fue el segundo momento cumbre de mi expedición Campanero.
Era el tercer día de intentar hacer fotografía en la Sierra de San Luis y el clima desde que llegué fue de lluvia permanente, lo que ocasionaba que prácticamente no pudiese aventurarme por esos frondosos caminos de selva nublada.
Aun así, no perdí oportunidad de establecer mi observatorio en  un baño viejo y en desuso que queda cerca de la posada  Hacienda el Monte de Dominique y Virginia; unos franceses extraordinarios y que te ofrecen una estadía de lujo en esa selva de lujuria.
Desde mi improvisado observatorio y rodeado de árboles de guayaba, guanabana, guamo, naranja, acacia, cafetos y otros mas, tuve acceso a visitantes extraordinarios y que jamás había visto en vivo.
De los primeros en fotografiar fue la hermosa Urraca Cosquiol  (Cyanocorax affinis)
 
 
 

Difícil y arisca, tienen el sistema de mantenerse siempre una de ellas de vigía mientras las demás comían.
Salieron en estampida en cuanto llegó una pequeña bandada de Conotos Negros (Psarocolius decumanus).
Un ave de gran porte que suele sobrepasar los cuarenta centímetros de largo. A lo lejos se divisaban su enormes y tejidos nidos colgantes.
Poco tiempo después llamó mi atención un pequeño movimiento en una mata de naranjo y mi sorpresa fue mayúscula al divisar al difícil Telegrafista Escamado (Picumnus squamulatus).


 

 


Uno de los carpinteros mas pequeños del mundo.
No cabía de felicidad ante la presencia de este personaje.
Una lluvia algo mas fuerte me hizo correr a refugiarme en la posada  y desde allí el espectáculo continuaba hacia la cima de la montaña.
Una bandada de Gavilanes Tijereta (Elanoides forficatus) se enfrascaban en una danza poco usual. Desconozco lo que hacían pero asumo que era una demostración de cortejo entre ellos. Una pareja de Pitirríes obviamente  molestos por su presencia, no perdían la oportunidad  de lanzarse contra ellos seguramente para alejarlos de su eventual nido.

 
 


Volví a mi observatorio no bien había cesado la lluvia  y ya con muy poca luz porque se acercaba rápidamente  la noche y la niebla y tuve la enorme fortuna de fotografiar fugazmente a la hembra del Telegrafista Escamado, reconocida por la ausencia de la corona roja del macho.
Asimismo alcancé a fotografiar al hermoso Perico  Pico Rojo (Pionus sordidus) plácidamente disfrutando de las semillas de lo que creo que era una especie de acacia.
 
Finalmente y para terminar ese día y a punto de guardar la cámara, un Ermitaño Pecho Canela ( Glaucis hirsuta) se acercó a una  heliconia   de la posada  a riesgo de los gatos de la misma que afortunadamente solo lo siguieron con la vista.
La mañana siguiente se presentó igual de nublada y lluviosa. Poco podía uno alejarse de la posada  y podía apreciar con los binoculares las variedades de aves apresurándose a comer en las pocas pausas que la lluvia dejaba.
Desde la posada podía ver y ocasionalmente fotografiar, variedades de reinita, chocolateros, semilleros, azulejos, el hermosísimo  Curruñatá Corona Azul (Euphonia cyanocephala) y otros que pasaban a engrosar la lista de avistamiento.
 
Cerca del mediodía , el cielo pareció dar un respiro y comenzó el viaje para recorrer el llamado Camino de los Españoles.
Es un sendero que originalmente iba desde Coro hasta Cabure y que actualmente  solo va desde las cercanías de Curimagua hasta Cabure . Entre cinco y siete horas de caminata  en una ruta salpicada de historias.
Pensaba conocer  tres de las grandes cuevas que existen en la ruta como son la de Acarite, la de Zárraga y la del Cuarzo.
Solo pude conocer las dos primeras pues desde el inicio de la caminata, la lluvia no contribuía para nada ni para el pajareo y mucho menos para la fotografía.
 
La cueva de Acarite es pequeña en su entrada. Supe después que uno tiene que entrar al agua y adentrarse en ella con el agua a la cintura y buenas  linternas para conocer sus interioridades.
Sobre la entrada de su bóveda una pareja de colibríes parecían enfrascados en disputarse las grandes telarañas que la adornan. No me fue posible fotografiar sus andanzas.
 
A la cueva de Zárraga que viene inmediatamente, solo alcancé a llegar a su entrada y sin foto por la copiosa lluvia que caía. El regreso fue inminente y rápido.
Ya de regreso a la posada y sin mucho por hacer hasta la mañana siguiente en que partiría del sitio, no podía dejar de pensar en mi Campanero.
Me dormí soñando  con el arrastrar de las cadenas de los esclavos por ese camino de recuas. Sobre sus lomos, los sacos de café verde y frutas; de granos y hortalizas. Antes que ellos, los que desmalezaban la ruta y pavimentaban el camino con piedras  traídas a veces de lejanías.
El pichón de campanero en su nido, fijaba en su mente el golpeteo de las herraduras de las mulas sobre las piedras en su lento y cansino caminar;  y justo antes del grito de la muerte del esclavo condenado  a ser arrojado en el Haitón, el repicar del martillo sobre el yunque para liberarlo de sus cadenas….cadenas que seguirían sirviendo para otros esclavos.
El Campanero Herrero repite desde entonces, un  grito de angustia… en campanas de libertad.
 
 



 


 

 
 





 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

lunes, 12 de noviembre de 2012

Breve historia de un pichón de alcatraz



Había nacido como todos los alcatraces de su especie. De color azul oscuro,  desplumado, con los ojos cerrados y con su hermano a su lado, todavía dentro del huevo aun por los próximos dos dias.
El calor delicioso del día, poco a poco hacía enderezar su cuello. Serían los primeros músculos en fortalecerse desde que su corazón y sus genes determinaron hacerla el ave que domina los vientos.
A la mañana siguiente de su nacimiento, ya sus párpados habían concedido la entrada a la luz del amanecer y su padre, a su lado, esperaba las señas del pichón traducidas en un débil piar reclamando su primera comida.  Su padre metió en su pequeña garganta su primer alimento de pequeños peces medio digeridos.  Aun el pichón no conocía a su madre porque ésta se encontraba pescando cumpliendo su turno alternativo con su padre para alimentarlo.  Ésta llegó con las luces del mediodía y después de entrechocar su pico con su pareja, se dedicó a darle de comer mientras el gran macho partía a cumplir su turno vespertino de pesquería.  Volvería al nido con los ultimos momentos de luz.
Al dia siguiente observaría como nacía su hermano y al momento de la comida, su instinto de supervivencia, hizo arrojar a empujones a su hermano fuera del nido, tan solo a unos pocos centímetros de distancia. Poco después, su hermano moría en un ataque combinado de una pareja de gaviotas cabecinegras que trabajaron en conjunto para distraer a su padre y lograr arrebatarle al recién nacido.
Pasarían cuarenta y cinco dias de monotonía y crecimiento.  Sus padres turnandose para alimentarlo y protegerlo del ataque contínuo de las gaviotas que disminuían con el aumento del tamaño del pichón y un crecimiento que incluía el cambio de su primer plumón de un castaño oscuro hacia un blanco lunar definitivo.  La madre naturaleza había dotado al pichón desde tiempos ancestrales de un cuerpo digno de un peregrino eterno del aire. Su fisonomía estaba diseñada para permanecer eternamente en vuelo y a cambio, le había restado habilidades para desenvolverse en tierra.  Sus enormes alas eran un obstáculo para tomar vuelo.  Tenía siempre que ponerse frente al viento esperando que éste, tuviese la fuerza suficiente para levantarlo al menos el medio metro que ya tenía su ala de largo para poder comenzar a aletear y pensar en alzar el vuelo definitivo.  Mientras tanto y como pichón, todavía sus alas solo golpeaban inutilmente los guijarros de su  playa de nacimiento, practicando una y otra vez el arte que un dia lo volverá el señor del aire.
Cierto día de un verano austral y como si se hubiesen puesto de acuerdo, todas las parejas de alcatraces de la colonia al unísono, abandonaron la isla con rumbo a los cielos dejando atrás a su progenie.  El primer dia junto a su noche, la pasaron los jóvenes alcatraces en silencio y contemplándose unos a otros.  Al dia siguiente y pasadas las primeras horas , los jóvenes alcatraces comprendieron que sus padres no volverían para darles de comer y apremiados por el hambre, debían tomar la decisión de emprender el vuelo y buscar su alimento por si mismos.  Algo que sus padres no les habían enseñado y deberían recurrir a sus instintos y a la imitación de los adultos mientras se alimentaban lejos de la costa y para ello debían alzar tan solo el vuelo.
El grupo entero pudo apreciar como el primer alcatraz que intentó alzar el vuelo, terminó aterrizando en las mansas olas de la orilla y desapareciendo pocos segundos despues en las fauces de un tiburón punta blanca de arrecife, que como parte de un cardumen, se encontraban justamente esperando ese primer vuelo de los alcatraces.  La sincronía del universo había reunido a ambas especies en ese preciso momento.
Nuestro alcatraz, vió el éxito y el fracaso de sus compañeros circunstanciales de crianza y no le quedaba otra que esperar su turno atendiendo a su instinto.  Puso su cara al ligero viento como esperando una ráfaga algo mas fuerte para poder elevarse sin mucho esfuerzo; hinchó sus pulmones y abrió sus alas para sentir la fuerza que lo sostendría el resto de sus dias.
Alzó su vuelo en principio rasante sobre el mar y pudo contemplar los oscuros lomos de los oportunistas tiburones en la ribera de la isla.  Había nacido fuerte y muy pronto se encontró viendo la isla que lo vió nacer como un pequeño puntito en la distancia.  Su primer instinto se había convertido en su primer aprendizaje. Ahora debería seguir a los adultos y aprender a zambullirse a velocidades inconcebibles y desde alturas increibles para dominar el arte de la pesca y la búsqueda de los peces que serán su alimento.
De ahí en adelante, nuestro alcatraz se convertirá en el eterno rompedor del horizonte de los marinos y dibujará su blanca silueta contra un cielo que lo acunará de por vida.
 No volverá a pisar tierra hasta que su dormido instinto le recuerde el calor de las piedras que otrora lo anidaron.
 
 
 
 
 

miércoles, 7 de noviembre de 2012

La casa de Teodoro Fanego. (Una historia contada por mi madre)


En la salida del pueblito de Cariño, y entre éste y la Solana, existía a mano derecha, una casita solitaria que era la herrería del pueblo. Poco tiempo después, Don Teodoro Fanego construiría al frente, un conjunto de casas para alquilar.
Mi madre, a pesar de tener su casa propia, vivía con sus padres pues en la propia, vivían los padres y un hermano de mi papá; así que para no hacer estorbo, prefería quedarse con su madre, mi abuela.
Algún día de ese año de 1956, mi mamá le propuso a su hermano Arturo, el alquilar una de las casas de Don Teodoro y repartirse sus espacios. Así lo hicieron y en una parte de ella, Erundina, que así se llama la esposa de mi tio Arturo, montó su negocio de costureras. Vivía tranquila allá mi mamá ya para entonces embarazada de mi, mientras mi padre, andaba surcando las aguas caribeñas teniendo como puerto a la Guaira en Venezuela.
La tarde del 16 de Diciembre, mi madre se aprestaba a ir a la última función del cine de Don Cesáreo junto a su hermano y su esposa y se disponían a esperar tal momento en la casa de sus padres que quedaba a unos pocos pasos del cine en cuestión.
Justo en las cercanías de las 8 de la noche, alguna pataleta mia determinó el hacer sentir la humedad de la fuente rota.
Con la paciencia que la caracteriza y pese a que cualquiera saldría en carrera, determinó parir en la que consideraba su casa y hasta allá se fue caminando como sabiendo que la premura no tenía importancia.
Al llegar, se puso a planchar para tener ropa disponible y siendo ya las diez de la noche comenzaron en serio los dolores de parto.
Cuenta ella que su cara se movía entre el fruncimiento del dolor y la risa que le provocaba la cara de bobo (Textual)  que tenía su hermano viendo la escena de dolor.
Rompió el hechizo de Arturo gritandole que fuera a avisar a Don Cesar, el médico del pueblo.
Arturo reaccionó de inmediato y prendiendo su moto se dirigió a la casa del médico para encontrarse con la noticia de que éste estaba en el cine que quedaba a unas casas apenas. Entró al cine, lo localizó  en el maremagnum de siluetas apenas alumbradas por la luz de la película y llegando hasta él, le contó que se diera prisa porque su hermana estaba pariendo. Don César con toda su calma le preguntó la hora a la que habían comenzado los dolores y despues de tener como respuesta de que hacían apenas unos minutos, le contestó que se fuera y lo dejara ver la película y que cuando ésta terminara, iría para allá.
Justo cerca de la medianoche ciertamente se apareció el médico y tras un rápido examen de mi madre, se dispuso a esperar.
Comenzaba mientras tanto, una de las típicas tormentas del invierno cariñés; con viento en aumento, truenos, relámpagos, rayos y lluvia intensa.
A la una de la madrugada del dia siguiente, comenzó el trabajo de parto y empezaba Don César  a divisar mi cabecita y aprestándose a sacarme cuando, justo en ese momento, se fue la luz.
Mi tio Arturo, que ya había dejado de lado su "tontera", corrió a prender su moto para alumbrar el parto...
Así nací!....A la luz de una moto prendida bajo un cielo que desplegaba todo su mal humor.
Nadie sabe cuanto pesé en realidad porque en esa época los cálculos se hacían a pulso de comprador de pulpos y según eso, andaba por los casi cuatro kilos lo que hizo exclamar a Don César: "¡Ahhh!...¡muchacho grandote!".
Así me lo contó mi madre...y justo después yo le decía: "Con razón siempre fuí un iluminado!"...Con lo que terminamos riendonos a carcajadas y dandonos un gran abrazo.


 

lunes, 5 de noviembre de 2012

El aire de Cariño



Nací en un pueblito que nunca entendió de rencores.
Para cuando lo hice, habían pasado veinte años de guerra fratricida y nunca pude lograr una historia verdadera contada por sus gentes, que no estuviese colindando con la fantasía...y es que la memoria de sus habitantes de entonces, se negó a grabarla en piedra como lo harían los pueblos que guardan sus rencores en estatuas, sus triunfos en monumentos y sus héroes, en bustos de esos que pierden su identidad con los años y terminan por ser demolidos después de infinidad de cagadas de palomas y de registros amarillos en papel que a nadie interesan.
A cambio, encontraron la paz en un pueblo desnudo de simbolismos. Sus héroes eran otros y a  ellos, no necesitaban mostrarlos porque vivían con ellos.
Mi pueblo de esa época tenía una placita con una fuente de agua corriente permanente, a la cual acudiamos a buscar el preciado liquido en baldes de madera, mucho antes de que las tuberías de plomo empezaran a brindar la comodidad. Tenía un lavadero colectivo a orillas del pequeño rio en donde se sacudían a palos las sábanas de los cansados durmientes. Solo las historias tras ellas se murmuraban entre sus paleadoras.
Tras de sí, el pueblo se cobijaba entre un colchón de mar y una sábana de tierra. Sus casas se construian con la mirada hacia la mar pero con una ventana que permitía ver las huellas marrones y verdes de sus campos. Extraña combinación  de agricultores y pescadores.

La mar era uno de sus héroes...
Con sus tiempos y sus lugares y con sus buenos y malos humores. De su seno extraían la azulplateada sardina, los estirados corzitos, la verdosa caballa y el siempre feo chicharro; el elongado y delicioso congrio o los ocasionales sargos, tanas, fanecas, rapes, lenguados y rodaballos...En su momento y en menor cuantía, los malhumorados pulpos, los siempre enojados calamares y aquellos de rostro inexpresivo como las nécoras y las centollas y los menos expresivos aun berberechos....Y es que Cariño daba de comer a una alta proporción de hambrientos españoles.

Su otro héroe era su tierra...
Una tierra de moras silvestres y pinos salvajes. De rocas destinadas a espigón y moradas de percebes. Recuerdo haberla fertilizado con "patelos" triturados y algas marinas, solo para convertirla en una tierra en negritud de campos de patatas y de berzas que se convertían a su vez, junto a aquellos cerdos criados en familia, en el sostén de todo el mundo a punta de caldos, tortillas, chorizos, morcillas y jamones.
¿Que decir de la gente de Cariño que es mi gente y que teniamos esos dos nortes?
¡Mi pueblo no necesitaba héroes!...¡Ellos ya lo eran!...
La vida era entonces un eterno capear de tormentas. ¡El aire de Cariño no es un aire!...Es una forma de vivir con la adversidad...y cuando así se vive...se sonrie cuando el sol se muestra tibio, la mar habla con suavidades y el aire nos regala sus aromas de tojos en flor.
 
 

viernes, 19 de octubre de 2012

CARTA A MI HERMANO









Nacimos de la misma fuente alimentados por un mismo pecho.
Una cierta varita mágica, hecha con restos de mástiles de veleros antiguos con incrustaciones de coral rojo; nacido del ancestral lodo del fondo de un mundo submarino y manejada por aquel personaje de rostro luminoso y cabellera de algas pardas; bendijo al unísono nuestros corazones con el agua marina de aquel puerto que conocemos, nombrándonos caballeros de la corte de nuestra madre Reina Mar.
A Ti, te dio por armadura, las escamas del gran sábalo que prefiere morirse de cansancio en su lucha, antes que presentarse moribundo y vencido ante quien lo capturó bajo engaño.
Te dio por escudo, la mirada franca y abierta del caballito de mar que tiene el poder de calmar al agresivo, convirtiendo su furia en humildad.
Te proveyó de una lanza que jamás empuñaste para agredir y que decidiste plantar sobre el lomo del gran marlín para que sirviera de portaestandarte de tu bandera iridiscente de la libertad.
Te vistió con los colores del pez mandarín para que pudieras interrumpir con ellos, la monotonía de la luz y alegraras con tu visión, los corazones de aquellos que veían tu pasar.
Mientras navegabas por ese mundo unicolor, hacías tus remolinos de rojos, amarillos y violetas y lanzabas tus estrellas fugaces de arcoíris contra el espacio en tu cercanía, convirtiendo a las criaturas grises en las flores de un paisaje de eterna primavera.
Divertías a los niños con tus burbujas de risa dejándolos eternamente niños como Tu y a los ancianos, con los cantares de su tiempo, les recordabas su feliz infancia.
Los años no cambiaron tu alma transformada en eterna juventud y jamás dejaste de darle las buenas noches a una luna que jugaba contigo a las escondidas y que nunca logró irse a dormir sin recibir un beso tuyo.
La Reina Mar decidió que tu título de caballero ya era insuficiente y necesitándote a su lado, te nombró Guardián de su Sueño.
Seguro estoy que de ahora en adelante, el sueño de Reina Mar estará preñado con tus burbujas de alegría.

Hasta muy pronto….hermano.
16 De Diciembre de 2009

jueves, 18 de octubre de 2012

¿Dónde andarás, andariego?

Desde aquel día en que decidiste negarte a la luz, mucha de ella ha tratado de encontrarte; pero ya tu sombra es de otra dimensión.
Quizás ahora mismo estés iluminando azules profundos divirtiéndote con tus nuevos amigos convertidos en algas fosforescentes; quizás estés cruzando espadas bajo la forma de aquellos cangrejos violinistas que tanto te gustaba molestar sin hacerles daño alguno.
Decidiste irte sin permanecer en  un lugar donde dejarte una flor, un cirio encendido o un poema, porque Tu eras así;  sin huellas de caminos ni  cicatrices de viento en las rocas;  sin blancos de surcos de gamelas avanzando en la mar ni retratos con tu otrora permanente sonrisa.
Tus huellas quedaron en otros lugares; justo allí donde sabías que algún día regresarán a Ti….y es que esa firma tuya de aliento, alegría y paz  que dejaste en nuestros corazones, aun permanece ahí y se irán…buscándote seguro de encontrarte y darte de nuevo ese abrazo que dejamos pendiente…….

domingo, 11 de diciembre de 2011

Dicen que al atardecer mueren las sombras....

Un sol entre los caminos tratando de beber agua
de lagunas, de rocíos tras las nubes azulgrana,
trata de irse sin sed,trata de dormirse en calma.
Palmas que rompen el cielo ocultando la esperanza;
con sus recortes de negro, con sus lazos de nostalgia.
Robles de frágiles suelos besan tierras de labranza
dejando dormir en ellos las aves de su confianza.
El cielo peinando el monte con agua que lo acompaña;
de tierra otrora con verdes con marrones se disfraza;
y se diluyen las sombras huellas del sol que se espanta.
Se va un dia de colores por grises torna su semblanza
¡Naces luna querendona! ¡Deja en la mar tu fragancia!
para que cuando el sol nazca no sientas que te abandona
tu compañero de infancia.