lunes, 7 de septiembre de 2015
domingo, 12 de enero de 2014
Un mundo en rufo
No necesitas un azul cuando el cielo no es tu techo en tus muy cortos vuelos o el mar no deja sus murmullos en tus oídos por vivir en su lejanía.
No necesitas el verde de las praderas frescas porque no eres amigo de las vastedades ni de mantenerte entre las brillantes y nuevas hojas de las copas de los árboles.
Tu mundo es rufo como las hojas cuando están muriendo y ofrecen su verde al olvido. Tu mundo es castaño como la tierra con sus tapices de hojas muertas. Es terracota como la arcilla expuesta que queda como huella del agua que por allí pasó. Tienes los grises de las espinas y las cortezas con sus pliegues y repliegues que esconden como una gran alacena tu comida favorita. Y es que además sospecho que los insectos de tu dieta son insensibles a los rojos e infrarrojos.
Así es el mundo de esta hermosa familia llamada Troglodita, imagino que por sus hermosos nidos; globosos, con entradas retorcidas, en forma de caverna y grandes para el tamaño de estas avecillas.
Unas veintiséis especies tiene la familia de los cucaracheros en nuestro País y en ninguna de ellas está presente el amarillo, el verde o el azul.
Les dejo en mi foto un ejemplar de cucarachero rojizo (Thryothorus rufalbus). No muy común de ver y menos de fotografiar.
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viernes, 10 de enero de 2014
Momentos de magia
El sendero por donde subía hacia la cumbre se presentaba silencioso. A medida que dejaba la espesura de la selva, podía escuchar en la lejanía cantos reconocibles.
Justo cuando estoy por llegar a un claro en la cima, veo el baile a contraluz de una pareja de azulejos de palmera sobre la rama de un yagrumo. A su lado, y en otra rama cercana, otra pareja de azulejos de jardín hacían lo mismo acompañados de sus melodiosos trinos.
Sigo avanzando y justo cuando estoy muy cerca de un frondoso naranjo, un estrépito de cantos reventaron en sinfonía. Otros azulejos se sumaron a la algarabía. Los chocolateros, sumados a la fiesta, brincaban en los alrededores del naranjo. El melodioso canto de varios cucaracheros comunes, con sus eléctricos movimientos en la espesura de la frondosa copa, contribuían al escándalo. Un ermitaño limpiacasa batía sus alas con fuerza y con ruido como reclamando las flores de azahar de su espacio y en el lado opuesto, el colibrí grande colinegro lo imitaba en sus reclamos. No muy lejos de la copa, una pareja de atrapamoscas se mostraban sus amarillas crestas y su repetitivo y reconocible canto: ¡Cristofué!. ¡Cristofué!.
Entre todos los pájaros presentes, dos de ellos llamaron mi atención porque jamás los había visto y a ellos dediqué mi atención para fotografiarlos. Uno de esos pájaros es el presente cucarachero pechicastaño de la foto.
En unos dos minutos todo terminó y todas las aves presentes desaparecieron dejando a la selva con su antiguo silencio.
Yo tardé un poco en hacer el símil con ese cumpleañero que entra en su casa silenciosa y solitaria y de repente, de cualquier espacio para ocultarse, sale la multitud de tus amigos gritando al unísono: ¡Feliz Cumpleaños!.
Ese fue uno de mis mejores regalos de este cumpleaños porque seguro y convencido estoy que de alguna manera, mis pequeños amigos alados se pusieron de acuerdo para celebrármelo regalándome ese momento de magia.
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domingo, 2 de junio de 2013
Nido de musgo
No tiene seda como el colibrí, ni hilos tejidos de paja seca con olor a verano como el arrendajo...Solo musgo.
En su humilde pesebre; en el hueco herrumbroso de una tubería de desagüe de un rancho en decadencia, las diminutas crias del Chachaquito tendrán como manta, el dorado de las plumas del vientre de su madre y su primer cielo, serán los azules reflejos del dorso de sus padres.
Eso también es nacer en cuna de oro.
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Azulejo golondrina
El se bañó de cielo en las coralinas aguas del Caribe, con su cara bajo el ala para no dejársela tocar por el blanco salitre.
Ella se vistió de reflejos de luz solar bajo los moriches en las sabanas del llano.
Él esperó la noche para pintarse el vientre con reflejos de blanco lunar.
Ella se maquilló bajo el pecho con reflejos de luciérnagas en novilunio.
¡Así se enamoraron!...¡Contándose historias de colores!.
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domingo, 31 de marzo de 2013
Cariño en primavera
Foto cortesía: Luis Rubido
CARIÑO EN PRIMAVERA
Los frios del invierno pierden fuerza;
la lluvia solo es ya curiosidad
que se vuelve tímida y dispersa
y juega con el dia a la amistad.
Llueve ligerito...
pero es agua que comunica vida.
Las manos ya se atreven con la tierra,
hundiendo entre los surcos las semillas,
que cambiarán los colores de la sierra.
Pequeño agujero...
donde entra el trigo como grano,
las coles, las patatas y el maiz;
lucharán en su nacer contra el gusano
que intentará comerse su raiz.
Hay prisa...
entre aquellos animales cuya vida,
la cuentan por dias, no por años;
solo nacen y ya están de despedida;
lo breve de su vida es un extraño.
Vida veloz...
la de aquella colorida mariposa
que busca alimentarse de la flor;
errática, brillante, presurosa;
es efímero su tiempo del amor.
Y mientras...
las manos preparan la cosecha
quitando la mala hierba con la hoz;
golpea el bajo tallo, la derecha
y sucumbe la maleza al golpe atroz.
Con arados...
los hombres abren surcos encorvados;
las mujeres les hacen compañía.
Son terrenos pequeños, limitados
que regalan al paisaje simetrías.
Sembrando vida...
también el abuelo está en su huerta
revisando los brotes de las coles;
aprovecha de cortar con mano experta,
a mi abuela, las mas hermosas flores.
De regreso...
la costumbre lo lleva a sus caminos;
el próximo destino es su mar;
la verá sin tantos remolinos
invitándolo muy pronto a navegar.
A lo lejos...
ya están chillando las gaviotas
y las olas rompiendo suavemente,
la mar está sintiendo la derrota
de un invierno que muere lentamente.
Inundación de amor...
que invade los espacios de mi pueblo.
El agua de su fuente aun sigue fria
esperando la caricia de un sol nuevo
que convierta su frio en alegria.
Mientras aun...
los árboles desperezan su amargura
pariendo nuevas hojas verde claro;
convertirán el desierto en espesura
y las aves perderán su desamparo.
En el campo...
comienzan a llegar las golondrinas.
Ya exhibe el blanquinegro las urracas
y los trinos de los mirlos con voz fina
se unen al tordo en su alharaca.
Las aves frias...
inician su retorno al septentrión.
Regresan los jilgueros a sus prados
uniendose en el coro al gorrión
que enamora a su amada emocionado.
Los hombres...
apuran la siembra de sus campos
y mi abuelo se une a esa alegría;
las mujeres se sacuden ya sus mantos
y el color de su ropa es poesia.
Ahora camina...
rapidito el sendero de la rada
buscando la gamela en lejanía.
Perdió el frio su espalda encorvada
y es su sombra, una mancha en rebeldía.
A lo lejos...
ve las olas que envejecen su furor
llegando cansadas a la orilla;
ya no grita el viento su dolor;
su rugir, se vuelve voz sencilla.
Sobre él...
su eterna boína ennegrecida
acompaña a su chaqueta en su color
y ambas se ven agradecidas
del brillo devuelto por su sol.
En su rostro...
se distienden las arrugas de su cara
y regala a sus amigos su alegría;
en su boca una sonrisa nos declara
que en su mundo todo está en armonia.
La luz ahora...
borra grises y dibuja arcoiris.
Llega finalmente...
La primavera de los pájaros cantores,
la del tiempo del amaine de la mar,
de esa tierra saturandose de flores
bajo un cielo que desata sus pasiones
abrazando a mi pueblo en un besar.
Es Cariño, el de las gentes nobles
con su nombre convertido en un cantar,
de mujeres que aman pescadores,
y de hombres que serán los labradores
que abren surcos y ararán mi mar.
CARIÑO EN PRIMAVERA
Los frios del invierno pierden fuerza;
la lluvia solo es ya curiosidad
que se vuelve tímida y dispersa
y juega con el dia a la amistad.
Llueve ligerito...
pero es agua que comunica vida.
Las manos ya se atreven con la tierra,
hundiendo entre los surcos las semillas,
que cambiarán los colores de la sierra.
Pequeño agujero...
donde entra el trigo como grano,
las coles, las patatas y el maiz;
lucharán en su nacer contra el gusano
que intentará comerse su raiz.
Hay prisa...
entre aquellos animales cuya vida,
la cuentan por dias, no por años;
solo nacen y ya están de despedida;
lo breve de su vida es un extraño.
Vida veloz...
la de aquella colorida mariposa
que busca alimentarse de la flor;
errática, brillante, presurosa;
es efímero su tiempo del amor.
Y mientras...
las manos preparan la cosecha
quitando la mala hierba con la hoz;
golpea el bajo tallo, la derecha
y sucumbe la maleza al golpe atroz.
Con arados...
los hombres abren surcos encorvados;
las mujeres les hacen compañía.
Son terrenos pequeños, limitados
que regalan al paisaje simetrías.
Sembrando vida...
también el abuelo está en su huerta
revisando los brotes de las coles;
aprovecha de cortar con mano experta,
a mi abuela, las mas hermosas flores.
De regreso...
la costumbre lo lleva a sus caminos;
el próximo destino es su mar;
la verá sin tantos remolinos
invitándolo muy pronto a navegar.
A lo lejos...
ya están chillando las gaviotas
y las olas rompiendo suavemente,
la mar está sintiendo la derrota
de un invierno que muere lentamente.
Inundación de amor...
que invade los espacios de mi pueblo.
El agua de su fuente aun sigue fria
esperando la caricia de un sol nuevo
que convierta su frio en alegria.
Mientras aun...
los árboles desperezan su amargura
pariendo nuevas hojas verde claro;
convertirán el desierto en espesura
y las aves perderán su desamparo.
En el campo...
comienzan a llegar las golondrinas.
Ya exhibe el blanquinegro las urracas
y los trinos de los mirlos con voz fina
se unen al tordo en su alharaca.
Las aves frias...
inician su retorno al septentrión.
Regresan los jilgueros a sus prados
uniendose en el coro al gorrión
que enamora a su amada emocionado.
Los hombres...
apuran la siembra de sus campos
y mi abuelo se une a esa alegría;
las mujeres se sacuden ya sus mantos
y el color de su ropa es poesia.
Ahora camina...
rapidito el sendero de la rada
buscando la gamela en lejanía.
Perdió el frio su espalda encorvada
y es su sombra, una mancha en rebeldía.
A lo lejos...
ve las olas que envejecen su furor
llegando cansadas a la orilla;
ya no grita el viento su dolor;
su rugir, se vuelve voz sencilla.
Sobre él...
su eterna boína ennegrecida
acompaña a su chaqueta en su color
y ambas se ven agradecidas
del brillo devuelto por su sol.
En su rostro...
se distienden las arrugas de su cara
y regala a sus amigos su alegría;
en su boca una sonrisa nos declara
que en su mundo todo está en armonia.
La luz ahora...
borra grises y dibuja arcoiris.
Llega finalmente...
La primavera de los pájaros cantores,
la del tiempo del amaine de la mar,
de esa tierra saturandose de flores
bajo un cielo que desata sus pasiones
abrazando a mi pueblo en un besar.
Es Cariño, el de las gentes nobles
con su nombre convertido en un cantar,
de mujeres que aman pescadores,
y de hombres que serán los labradores
que abren surcos y ararán mi mar.
martes, 19 de marzo de 2013
El guardián del Haitón del Guarataro
Desde lo
alto de un singular yagrumo y justo a la entrada del camino que conduce al
Haitón del Guarataro, se encuentra tal cual vigía, el hermoso pájaro Campanero
Herrero.
Desde su atalaya emite su increíble y poderoso canto que semeja el golpeteo de un martillo sobre un yunque . Los recuerdos ancestrales se juntan en su garganta para emitir ese singular sonido que recuerda la época en la que el hierro se forjaba a golpes y fuego; a piedra de carbón y hematites o a la hermosa pirita, el oro de los tontos, fundida a leña de derrotados árboles centenarios.
El Haitón es
una sima situada a pocos kilómetros de la salida del pueblo de Curimagua con
rumbo a su vecino pueblo de La Chapa en la Sierra de San Luis del Estado
Falcón.
Un camino que comienza al borde de esa carretera, te lleva hasta su borde, descendiendo poco mas de unos doscientos metros de selva tupida y en ese momento silenciosa.
De vez en cuando te llama la atención sobre el negruzco piso de tierra, el brillo fugaz de las ocasionales y pequeñas piedras de cuarzo que buscan un sol que nunca llega.
Un camino que comienza al borde de esa carretera, te lleva hasta su borde, descendiendo poco mas de unos doscientos metros de selva tupida y en ese momento silenciosa.
De vez en cuando te llama la atención sobre el negruzco piso de tierra, el brillo fugaz de las ocasionales y pequeñas piedras de cuarzo que buscan un sol que nunca llega.
Un cerco de
madera impide llegar hasta su borde. Un agujero de unos doce metros de ancho y
al frente, un perfil de acantilado recto hacia abajo desnudo de vegetación.
Su
profundidad según los expertos es de trescientos cinco metros y en su fondo se
inicia un rio subterráneo que alimenta el lago bajo tierra mas grande del País.
Una piedra
lanzada desde su borde tarda unos 7 segundos en escuchar su primer impacto
contra otra piedra y un tanto después puedes escuchar un segundo impacto mas
tenue al rebotar contra otra roca y si aguzas el oído, podrás escuchar el muy
leve sonido de un tercer impacto. Algo absolutamente impresionante.
Eso fue el
segundo momento cumbre de mi expedición Campanero.
Era el
tercer día de intentar hacer fotografía en la Sierra de San Luis y el clima
desde que llegué fue de lluvia permanente, lo que ocasionaba que prácticamente
no pudiese aventurarme por esos frondosos caminos de selva nublada.
Aun así, no
perdí oportunidad de establecer mi observatorio en un baño viejo y en desuso que queda cerca de
la posada Hacienda el Monte de Dominique
y Virginia; unos franceses extraordinarios y que te ofrecen una estadía de lujo
en esa selva de lujuria.
Desde mi
improvisado observatorio y rodeado de árboles de guayaba, guanabana, guamo,
naranja, acacia, cafetos y otros mas, tuve acceso a visitantes extraordinarios
y que jamás había visto en vivo.
De los primeros
en fotografiar fue la hermosa Urraca Cosquiol (Cyanocorax affinis)
Difícil y
arisca, tienen el sistema de mantenerse siempre una de ellas de vigía mientras
las demás comían.
Salieron en
estampida en cuanto llegó una pequeña bandada de Conotos Negros (Psarocolius
decumanus).
Un ave de
gran porte que suele sobrepasar los cuarenta centímetros de largo. A lo lejos
se divisaban su enormes y tejidos nidos colgantes.
Poco tiempo
después llamó mi atención un pequeño movimiento en una mata de naranjo y mi
sorpresa fue mayúscula al divisar al difícil Telegrafista Escamado (Picumnus
squamulatus).


Uno de los
carpinteros mas pequeños del mundo.
No cabía de
felicidad ante la presencia de este personaje.
Una lluvia
algo mas fuerte me hizo correr a refugiarme en la posada y desde allí el espectáculo continuaba hacia
la cima de la montaña.
Una bandada
de Gavilanes Tijereta (Elanoides forficatus) se enfrascaban en una danza poco
usual. Desconozco lo que hacían pero asumo que era una demostración de cortejo
entre ellos. Una pareja de Pitirríes obviamente molestos por su presencia, no perdían la
oportunidad de lanzarse contra ellos
seguramente para alejarlos de su eventual nido.
Asimismo
alcancé a fotografiar al hermoso Perico
Pico Rojo (Pionus sordidus) plácidamente disfrutando de las semillas de
lo que creo que era una especie de acacia.
Finalmente y
para terminar ese día y a punto de guardar la cámara, un Ermitaño Pecho Canela
( Glaucis hirsuta) se acercó a una
heliconia de la posada a riesgo de los gatos de la misma que
afortunadamente solo lo siguieron con la vista.
La mañana
siguiente se presentó igual de nublada y lluviosa. Poco podía uno alejarse de
la posada y podía apreciar con los
binoculares las variedades de aves apresurándose a comer en las pocas pausas
que la lluvia dejaba.
Desde la
posada podía ver y ocasionalmente fotografiar, variedades de reinita,
chocolateros, semilleros, azulejos, el hermosísimo Curruñatá Corona Azul (Euphonia cyanocephala)
y otros que pasaban a engrosar la lista de avistamiento.
Cerca del
mediodía , el cielo pareció dar un respiro y comenzó el viaje para recorrer el
llamado Camino de los Españoles.
Es un
sendero que originalmente iba desde Coro hasta Cabure y que actualmente solo va desde las cercanías de Curimagua
hasta Cabure . Entre cinco y siete horas de caminata en una ruta salpicada de historias.
Pensaba
conocer tres de las grandes cuevas que
existen en la ruta como son la de Acarite, la de Zárraga y la del Cuarzo.
Solo pude
conocer las dos primeras pues desde el inicio de la caminata, la lluvia no
contribuía para nada ni para el pajareo y mucho menos para la fotografía.
La cueva de
Acarite es pequeña en su entrada. Supe después que uno tiene que entrar al agua
y adentrarse en ella con el agua a la cintura y buenas linternas para conocer sus interioridades.
Sobre la
entrada de su bóveda una pareja de colibríes parecían enfrascados en disputarse
las grandes telarañas que la adornan. No me fue posible fotografiar sus
andanzas.
A la cueva
de Zárraga que viene inmediatamente, solo alcancé a llegar a su entrada y sin
foto por la copiosa lluvia que caía. El regreso fue inminente y rápido.
Ya de regreso
a la posada y sin mucho por hacer hasta la mañana siguiente en que partiría del
sitio, no podía dejar de pensar en mi Campanero.
Me dormí
soñando con el arrastrar de las cadenas
de los esclavos por ese camino de recuas. Sobre sus lomos, los sacos de café
verde y frutas; de granos y hortalizas. Antes que ellos, los que desmalezaban
la ruta y pavimentaban el camino con piedras
traídas a veces de lejanías.
El pichón de
campanero en su nido, fijaba en su mente el golpeteo de las herraduras de las
mulas sobre las piedras en su lento y cansino caminar; y justo antes del grito de la muerte del
esclavo condenado a ser arrojado en el
Haitón, el repicar del martillo sobre el yunque para liberarlo de sus
cadenas….cadenas que seguirían sirviendo para otros esclavos.
El Campanero
Herrero repite desde entonces, un grito
de angustia… en campanas de libertad.
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miércoles, 30 de enero de 2013
Cariño en invierno
(Dedicado a los inviernos de mi pueblo a mediados de los sesenta)
La leña del fogón apilada en un costado
bajando lentamente su montón,
convertido en humo de trazos azulados
y en piezas negruzcas y brillantes de carbón.
Cae la noche...
lo hace suavemente como evitando herirse.
Se prenden las velas escondidas de la brisa;
el abuelo se encamina para ir a dormirse,
el peso de los años le impide irse de prisa.
Sobra tiempo...
para aquel gorrión bajo las tejas protegido
del frio que lo vuelve lento y emplumado;
soñará no ser él, esa noche el elegido
de la helada traicionera que lo deje congelado.
Noche oscura...
lloran golpes de gris monotonía;
la calle se convierte en un espejo
líquido de luz que espera el dia
de aquel farol deformado en su reflejo.
Noche profunda...
de sueños perdidos en el tiempo
de gente que aun dormida está expectante
e inconsciente coreando en su lamento
para que esa noche sea agonizante.
Y amanece...
besando el monte la luz va de primero,
pintando de color la tierra fría;
ya tañe su campana el campanero
anunciando que ha despertado el dia.
Se abren los ojos...
por supuesto, hace rato ya el abuelo,
hierve el agua de un café de fantasía;
achicoria filtrada tras un velo
y un beso a mi abuela de buen dia.
Camina hacia su mar...
buscando recorrer los mismos pasos
de siempre, de ayer y de anteayer;
un viejo con ausencias de fracasos
cuya mar son las fibras de su ser.
Anduriña...
vieja barca meciendo sus maderas
sobre olas de crestas blanquecinas;
es su novia moviendo sus caderas
al son de la mareas matutinas.
Pisa la arena...
la playa, desierta muda y plateada
lo invita a olvidar sus pesadillas;
sus ojos la ven de enamorada
y camina en la paz por sus orillas.
Mira al cielo...
que inclemente continua con sus grises;
sabe que pronto llegará aquel mestizo
de una lluvia que deja cicatrices
de gotas convertidas en granizo.
Camina de prisa...
de vuelta al hogar mira el terruño;
el monte convertido aun en neblina;
el frio escurrido entre sus puños
y un sol que esconde sus espinas.
Será un dia...
común de un pueblo sin quehaceres;
de un clima que impide el movimiento.
Dedicarán su tiempo a sus quereres
esperando la luz del buen momento.
domingo, 13 de enero de 2013
Vas caminando viajero
Como al subir un camino
de tierra deforme y rancia,
con piedras alebestradas,
labradas con amarillos
de surcos que deja el agua.
Vas caminando viajero
tus caminos de nostalgia.
Caminas bajo tus nubes
apartando verdes ramas
de tus cabellos de plata
que son arrugas del tiempo
con cicatrices del alma.
Vas caminando viajero
tus caminos de nostalgia.
Atraviesas riachuelos
y escuchas en la distancia
por sobre el canto del agua,
el cantar sereno y triste
de la hermosa paraulata.
Vas caminando viajero
tus caminos de nostalgia.
Y en lo que llegas al cénit,
la cumbre de la montaña,
solo te quedan dos pasos.
Con uno regresas manso,
Con uno regresas manso,
con el otro te distancias.
Vas caminando viajero...
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miércoles, 5 de diciembre de 2012
Mis gracias para cada amanecer
Se desliza la cortina de la noche
y la pintura de un nuevo amanecer,
muestra al dia acabando de nacer
explotando sus colores con derroche.
Nace el día con sus colores de embrujo
cambiando sus oscuros por pastel;
sus azules por amarillo flor de miel
y sospecho el Autor de este dibujo.
¿Quién puede pintar un renacer
distinto para cada nuevo día,
regalándonos con luz su poesía?
¡Eso! ¡Solo Dios lo puede hacer!
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